El primer contacto con este mundillo, salvando las distancias, es un poco como tu primer beso o casquete, nunca se olvida, puede ser más o menos satisfactorio, llegar de un modo planeado, o simplemente surgir de la forma más inesperada.
Puede calarte muy hondo o resultarte una auténtica decepción, todo depende de muchos factores, algunos son controlables y otros puede que no o te pillaran completamente por sorpresa. En el siguiente artículo trataré de arrojar algo de luz en base a mi experiencia. Y digo trataré porque las experiencias siempre son subjetivas y habrá otros viejos perros de la guerra que coincidirán conmigo o no. Es lo que hay, razonaré mis argumentos y ya cada lector que los valore como considere oportuno.
Como no, empezaré con mi batallita particular acerca de cómo perdí el virgo:
Desde siempre he mostrado un interés desmesurado por todo lo que resultasen armas y su manejo. Mi familia es de origen rural donde la práctica cinegética está muy arraigada. Eran otros tiempos y un ambiente en el que tampoco se consideraba descabellado andar manejando alguna de aquellas, bajo supervisión adulta en el caso de las de fuego, o incluso por libre con las de aire comprimido, cuando ya habías demostrado el suficiente conocimiento para manipularlas con la suficiente seguridad y respeto.
En mi caso se juntaba además largas estancias vacacionales en la finca familiar sin muchos entretenimientos aparte de una carabina del calibre 4.5 , que por más que mi tío se empeñaba en ocultar lejos de mis garras, yo me esforzaba en terminar siempre descubriendo. Con ella y tu caja de cartón de balines panda o gamo era apuesta segura de diversión para días en los que sólo había dos canales de tv, y en mi caso a veces ni eso porque la cosecha de luz solar ese día se reservaba para otros menesteres distintos, ajo y agua. Eran los años 80, y un sábado en mitad de la sierra no era seguro que pudieras ver El Equipo A, Doce del Patíbulo, u otros programas de acción que nos marcaron a toda una generación.
El combinado perfecto, añadiendo mas chiquillería en forma de primos para en mi caso particular acabar enamorado del tiro y los tiroteos. Con falsos enfrentamientos a base de pistolas detonadores infantiles, o solo de juguete y tu exclamando a grito pelado el bang cuando ya estabas sin mixtos y las consiguientes discusiones de quien había dado a quién. Las menos arbitrarias escopetas de muelle de las ferias con su tapón de corcho atado a la punta, que primero le córtabas la cuerda para darle alcance y luego terminabas cargandola con chinos que entrasen por el cañón cuando ya habías perdido el proyectil original.
La boca de la botella de leche con su globo… Hasta arcos rudimentarios fabricados con ramas de adelfa, guitas de nylon y flechas de caña. Muchos primos, más imaginación y ya estaba el combate encarrilado, los videojuegos estaban en pañales y desde luego no al alcance de cualquiera.
Y llega el día que oyes en la tele que aparece en el extranjero un nuevo entretenimiento en forma de juegos de guerra con marcadoras de pintura. En mi caso sólo queda en información porque aquí en córdoba tardaría aún décadas en aparecer el primer club. Esto no quita después de ver las imágenes que se te quede el gusanillo dentro imaginando lo que molaría una escaramuza con semejante equipo.
Y entonces en eso que corría un año de principios de los 90 aquí en córdoba empiezan a aparecer en algunas tiendas de juguetes, bazares y establecimientos de caza y pesca; réplicas de armas reales de guerra en escala 1:1 y calibre esférico de PVC y 6 mm de diámetro. Y eso en un país donde el acceso a las originales está muy restringido y las de aire comprimido, más asequibles, en rara ocasión parecían una auténtica «como la de las películas».
Y todo esto unido a pecios bastante alcanzables para un adolescente, hablábamos de pistolas de muelle que por bastante menos que una gamo o similar te ofrecía modelos como una beretta 92, una colt 1911, una sig sauer p226 o una glock 17, etc.
Hasta ese momento lo que sólo eran fotos de revistas especializadas, o en mi caso concreto artículos de la enciclopedia militar «Comando, técnicas de combate y supervivencia «. Ahora por un módico precio podían materializarse en tus manos. Y eso incluso yéndote al tope de gama que por aquel entonces teníamos disponible en Córdoba, la marca KWC con su sistema hop up, que aún siendo fijo aumentaba de forma notoria el alcancé y la precisión de la bola a condición de que estas fueran de 0.20 y no anidases con las amarillas que solían venir con otras marcas bastante más cutres.
Réplicas muy parecidas a armas reales, con alcances razonables, precios asequibles, y sistema de carga sencillo y barato, en manos de una generación criada entre juegos de guerrilla, tebeos de hazañas bélicas, y series o películas de acción, no tardaríamos mucho en juntarnos las pandillas de colegas, averiguar gafas laborales de seguridad, ropa vieja o de surplus; y algún paraje poco transitado donde poder zurrrarnos de lo lindo con nuestro primitivo material de airsoft a principios de los 90. No era el soñado Paintball, pero nos daba el apaño.
(Continuará).
Es precioso todo y ganas de seguir disfrutando estás lecturas
Me alegran tus palabras, yo también estoy disfrutando de poner por escrito todos estos recuerdos.
Enhorabuena por este rimer artículo, post o como se diga, leyéndolo me he trasladado a mi ya lejana infancia, pistolas de petardos, arcos de adelfas y flechas de cañas y la divertida botella de plástico con el globo con aceitunas por municion que al acabarse terminábamos metiendo piedras y raro si alguno no terminábamos escalabrado. En mi caso empecé con las armas con mi caravina del 4,5 COMETA V con 6 años, tenía que apoyarla en el suelo para ayudarme a cargarla, nunca olvidaré mi primer pajarillo abatido, un insectivoro por el cual hoy iría a la cárcel, espero haya prescrito el delito, hoy día miro atrás y pienso en la temeridad de mis padres darme un arma mas o menos peligrosa a esa edad, eran otros tiempos, gracias a que creo que me di cuenta que era a respetar no he tenido nunca un percance con mi COMETA V. Lo dicho, gracias por compartir estas
experiencias y recordarnos a mas de uno la niñez tan lejana ya.
Gracias por tus elogios y compartir tus experiencias. Es curioso cómo todos los airsofteres hemos ido probando diferentes formas de jugar a las guerrillas, más allá del clásico pam, pam, pam con la boca, parece que el destino nos guiaba inexorablemente a los 6 mm
Mi experiencia es bastante más reciente, descubrí el Airsoft en Enero de 2.008 gracias a los Reyes Magos. Os cuento.
Soy hijo de militar y he conocido el mundo de las armas desde pequeñito. En un Madrid amenazado por el terrorismo mi padre estaba obsesionado con ir armado por la calle y siempre llevaba en su cinturón, debajo de la chaqueta o del abrigo, «la pistola», como mi madre decía. No sólo eso, de vez en cuando nos llevaba a mi madre, a mi hermana y a mi a la galería de tiro del cuartel a disparar. Tenía varias pistolas y dos revólveres y nos enseñó a disparar con todas. A mi en concreto me enseñó a rellenar los cargadores de las pistolas y los tambores de los revólveres, incluso me enseñó a desmontar y limpiar una de las pistolas, la que siempre llevaba encima.
Aforutnadamente destinaron a mi padre a Córdoba, una ciudad tranquila y sin atentados, y aunque seguiamos yendo toda la familia a la galería de tiro, ahora a la del CIR-5, a mi madre no le hacía mucha gracia y la «tradición familiar de algunos domingos» se fue perdiendo con el paso de los años.
Durante esos mismos años pasaba mis veranos en la Residencia de Oficiales de Cerro Muriano, en plena Sierra Morena, rodeado de campo, con miles de encinas y los hijos de los compañeros de mi padre, donde, inevitablemente se multiplicaban las batallas de bellotas entre enemigos irreconciliables por la posesión de según qué cabañas, unas veces hechas en el suelo, (las menos), y otras en algún árbol.
Durante el invierno, y viviendo en los pabellones militares de República Argentina, esos mismos enemigos irreconciliables nos veíamos las caras en los jardines de La Victoria, donde de vez en cuando afloraban las bocas de las botellas de Colecor con el típico globo, utilizando como munición los inagotables huesos de dátiles que, por aquella época, abundaban al pie de las palmeras de dichos jardines.
Y a todo esto, un día camino del instituto veo en el escaparate de «Los Guillermos» una «¡¡¡Tomson!!!» y un «¡¡¡M-16!!!». Día tras día me quedaba mirándolos, pero las hormonas de aquellos años me nublaban la vista y no terminaba de dar el paso, estaba más centrado en otros «olores y pasatiempos» propios del despertar sexual.
Ya casado, y en otro establecimiento mítico para algunos, «Ala Delta» frente al antiguo Hospital Militar, me topé de nuevo con esas «imitaciones» de armas y esta vez sí, me atreví a preguntar al tendero, «Antonio», con el que todavía tengo relación.
Éste me informó de qué era el Airsoft, me puso en contanto con un tal Antonio Santos, a la postre uno de los que me dió la oportunidad de introducirme en el mundillo, pasando a pertenecer a «Airsoft Córdoba», (el club puntero por excelencia de la época), jugando casi todos los domingos en «La Fundición», Peñarroya-Pueblonuevo, a 81 Km de Córdoba, allá por enero de 2.008 y tras la llegada de los Reyes Magos de aquellas navidades de me trajeron mi primera réplica.
El resto muchos lo conocéis, pero casualidades de la vida, hoy en día, con mi propio club de airsoft del que soy fundador, vuelvo a jugar a la guerra allá donde más de 40 años atras, (finales de los 70 y principios de los 80), jugaba con bellota por la conquista de la cabaña del equipo contrario, pero esta vez con réplicas de Airsoft.
La vida es maravillosa, y con Airsoft más.
Gracias por ilustrarnos con tus vivencias pre-airsoft, ciertamente yo también tuve la suerte de gozar a posteriori de mis partiditas en la finca familiar donde andaba guerreando de chiquitín con mis primos y todo tipo de proyectiles de fortuna, un auténtico gustazo, si señor, poder repetir ya más en condiciones, viva el airsoft, claro que si.